Mientras mi mano se anclaba a una puerta hechiza de madera casi podrida, jalándola para asegurarme que ningún incauto se sorprendiera por mi pose de perro a medio acostar, no pude más que empezar a notar los detalles de aquel baño de la comunidad de Temoaya, que muy amablemente me dejo usar una niña que estaba encargada de atender la tlapalería más cercana a la casa donde me encontraba construyendo con mi cuadrilla. Recuerdo a la perfección que era un baño donde a penas y lograba entrar; obviamente no contaba con asiento y el sistema de limpieza se basaba en una cubeta y un tambo que se encontraba al lado de puerta al salir. Este baño es especial en la comunidad, dado que esta hecho con bloque de concreto, lo característico es el cemento que estuviera uniéndolos uno con otro y más aún contaba con un piso de cemento. Este no es ni lejos el peor baño que he logrado ver en una comunidad en extrema pobreza. Pero si me hizo ver que la realidad actual es un reflejo de ideas preconcebidas de lo que creemos que es pero que en ningún momento deben ser y que si se le preguntara a todo el mundo, no la aceptaría.
Si bien este baño no es la experiencia más agradable que como ser humano se puede añorar, al ser ésta una de las actividades que nadie puede ignorar u omitir. Lo único que estaba en mi cabeza en ese momento es que la casa donde estaba construyendo ni siquiera llegaba a esto. Para Gabriela y Silverio el tener un baño en su casa no existe, no es una realidad. Prefieren ir una cuadra más arriba a casa del papá de Gabriela y usar su baño el cual me supongo debe encontrarse en una situación muy similar al que me encontraba. Me imagino que sentiría yo al no poder proveer ni siquiera de algo tan básico y tan íntimo, como lo es un baño, a mi familia; es claro que no sería algo agradable. Analizo la situación de Silverio intentando buscar alguna justificación racional para el hecho de que no pueda proveer de un baño a su familia, ya no de una vivienda digna, simplemente un baño. Y al revisar mi análisis solo me doy cuenta que a Silverio no lo he logrado conocer porque no ha estado en su casa en los 3 días que hemos estado construyendo. Según Gabriela esta vendiendo tapetes y algunos bordados que ella a veces realiza, “los vende en el lugar que los compren”, me dice Gabriela, va a Toluca o al D.F. donde al parecer gran parte de sus ganancias se consumen en el puro transporte. Pero ella me cuenta que siempre que regresa, los más contentos son Ana, Silverio, Giovanni y Samuel, sus hijos; esto por que me cuentan que su papá juega mucho con ellos, pero esto no lo puedo asegurar dado que sigo sin conocer a Silverio papá.
Pero ahora pensando en los hijos, es justamente Silverio hijo, él que siempre quería ayudarme, donde en verdad se veía una disposición total. Al final del día él me enseñaba la maleta vieja y usada donde guardaba sus tesoros, puros muñecos y juguetes que había recogido de aquí o de allá, pero me decía que casi todos eran de la basura. Recuerdo que para mi fue impresionante ver todos los muñecos, porque si bien ya estaban sucios o rotos, la gran mayoría eran juguetes que salieron cuando yo era niño. El que más recuerdo es un personaje de videojuegos que te venía en la cajita feliz de McDonalds, el cual yo había conseguido a los 11 años y que estuvo decorando mi cuarto durante mucho tiempo, y por un momento me pregunté si sería el mismo. Me pregunté si los juguetes que tanto valora Silverio, son juguetes que sólo cuando ya cumplieron su propósito comercial y terminan siendo basura, pueden ser utilizados por un niño de una comunidad en extrema pobreza y que sólo así tiene derecho a divertirse con un juguete de un niño que le toco una realidad totalmente distinta socialmente hablando. Esto logra hacer que el reflejo en el espejo que no había en ese baño fuera más difícil de ver.
Al igual que yo generé la basura con la que hoy Silverio tiene derecho a jugar, será que también que ¿yo genero su situación? Mi primera respuesta es claramente que no, en ningún momento ha sido mi intención que alguien viva en una situación tan extrema. Luego veo que la respuesta no es tan sencilla, simplemente al permitir que sea, es. Al no reflexionar y trabajar por una sociedad diferente, nunca existirá. Al no ser congruente cuando regreso a mi casa, con amigos y conocidos y permito que ideas o términos que denigren a un humano por su raza, sexo o condición social se digan, acepto esta realidad aunque no la quiera. La respuesta es simple, sí es mi responsabilidad, y ahora agradezco que no hubiera un espejo en el baño.
Al mismo tiempo logro ver la oportunidad de realmente cambiarlo y todo es gracias a que empiezo a conocerlo de raíz. Creo que esta mezcla de sentimientos que me relacionan con Gabriela y con Silverio me hacen conocerme mejor como humano y lograron que pudiera ver un reflejo diferente, a la vez que me hacen ver que puede cambiar esta sociedad hacia algo más justo, más humano. De la misma forma que Silverio hijo entendió que ahora van a tener que trapear el piso, yo entiendo que ahora tendré que trapear mis vicios sociales que se arraigan en mi educación, y así poco a poco denunciar de forma pacifica, congruente y proactiva el hecho de que no puedo tolerar más que la situación de esa familia sea aceptada, y hasta por algunas creencias, “necesaria” para la vida en sociedad.
Por último cuando pienso en mi reflejo en ese espejo inexistente de ese baño me doy cuenta de ese juguete que a mi se permitió usar totalmente nuevo y sin ningún uso, que mi padres pudieron comprarme sin que en ningún momento fuera denigrante la situación para conseguirlo. Lo mínimo que le debo a esta familia es intentar ser un grito que no deje que nadie, absolutamente nadie olvide que están ahí y que nosotros permitimos que estén ahí. En conclusión sólo veo este baño como un signo inequívoco de desigualdad y desesperanza que podemos llegar a generar, pero que a la vez como humanos nos hace sentir que algo tan similar lo podemos llegar degradar a tal forma que lo consideremos válido para un ser humano, que su única diferencia es una creación social.
Pero recuerdo que después de usar el baño como cualquier persona en la comunidad y usar el bote desbordante de basura, tomando la cubeta y abriendo la puerta de madera hechiza, agachando la cabeza hasta casi figurar una joroba y salir del baño. Llené la cubeta en medio del aviso lluvia que a penas y la sientes de no ser por un viento helado esporádico que te genera escalofríos. Regrese al baño y tire el agua, dejando la cubeta al lado y saliendo por la puerta teniendo cuidado de no estropearla aún más. Intento recordar cada detalle, con la única intención de recordar algo que no me mostraron en ninguna etapa de mi educación académica, que nadie se atrevía a mostrarme sino únicamente en cifras, que no debo olvidar que esas cifras tienen rostro, nombre, y que esos rostros generan que mi reflejo ahora sea más difícil de ver pero a la vez más conocido y más humano. Es por eso que ahora al ver ese reflejo no puedo dejar de pensar en ese baño que refleja tan vivamente esa situación, que ahora hoy me hace ver que esa situación no tiene por que existir, que es algo que no podemos permitir y que nunca, repito ¡Nunca! debe ser considerado como justo.