Sobre Apuntes para una Filosofía del Juego de Vicente Galán
“Jugamos a la seriedad, a la autenticidad, a la realidad, al trabajo y a la lucha, al amor y a la muerte. Y aún jugamos a jugar”
(Fink)

Muchos autores han concordado que el hombre es un ser símbólico, un animal que al razonar transforma signos y símbolos en significados y significantes. El juego, justamente es una inherente facultad simbólica, pues obliga al hombre a interpretar la realidad en donde se encuentra sumerjido. Desde distintos enfoques se ha tratado de estudiar el juego y el mundo lúdico para poder explicar su razón de ser, su existencia e importancia en la vida de cada uno de los seres humanos. Ya sean estudios filosoficos, antropoloficos, psicologicos, teológicos o sociales; siempre tienen puntos de encuentro, en donde se coincide que el juego no es sólo una actividad para divertirse, enajenarse o descansar del agobiante trabajo cotidiano, sino que se encuentra vinculado con la autonomía, la libertad y el medio de espape del hombre que intenta buscar un equilibrio entre el mundo corriente y el imaginario.
El artículo de Francisco Vicente Galán Vélez “Apuntes para una Filosofía del Juego” nos trata de exponer cómo es que el juego- y por consiguiente, lo lúdico- es parte primordial y escencial de la vida de cualquier ser humano. Divide en seis niveles al juego como parte de la estructura dentro de la de los hombres: nivel pedagogico, psicológico, socioeconómico, antropológico-cultural, filosofico y mistico teológico. Los anteriores se van entrelazando, sin nivel jerarquico preponderante, para darle importancia y significado al mundo del juego, que según Eugen Fink es el “símbolo del mundo”.
Los primeros dos niveles se caracterizan por la aproximación personal al juego. Desde pequeños tenemos nuestro primer contacto con él, este es nuestro primer acercamiento con la educación y sobre todo con el funcionamiento del mundo “real” ( nivel pedagogico), de esta forma buscamos constantemente la armonía entre aprender y jugar. Pero eso no es todo, pues el juego puede ir defieniendo nuestro temperamento desde muy temprana edad, ya que solemos tener cierta inclinación no sólo a algun tipo de juego, sino a la manera de jugarlo (nivel psicológico). Al jugar, el infante desarrolla capacidades que serán utilizadas en un futuro.
Ahora bien, los nieveles socioeconómico y antropológico- cultural hacen referencia a un juego experimentado a partir y a través de una sociedad. Ya nos decía Aristóteles que el hombre era un “animal político por naturaleza” y por ende, tiende a la socialización. De ahí la relevancia de que para un juego se necesiten, en la mayoría de los casos, mas de dos personas.
Socioeconomicamente, el juego se manifiesta como elemento simbiotico a la economía y a la sociedad, porque si bien no puede ser considerado juego aquello que se realiza por obligación o necesidad, el tiempo libre en donde se expresa normalmente nuestra naturaleza ludica, no puede exisitr sin el tiempo que no es libre, por redundante que parezca.
Además, como nos manifiesta Huizinga, en su libro Homo Ludens: ” el juego es improductivo desde el punto de vista formal, el juego no genera riqueza, el juego no, pero el aparato que esta detrás de él sí.” Hoy en día la política y la industria del entretenimiento caminan juntas, desde el terreno más simple como un partido de futbol, hasta el Mundial del mismo deporte, las Olimpiadas o películas con fuerte carga de mensajes apoyando o desprestigiando cierta ideología o regimen político.
El nivel antropológico-cultural se expresa como manifestación de los valores fundamentales dentro de una cultura, así como la cosmovisión por la que se rige. Debemos ahora preguntarnos ¿a qué tipo de juego responde la sociedad de un hombre globalizado? Donde su cultura es sincretica, donde existen valores prestados y convivimos de forma posmoderna, competitiva y hedonista. Es por esta misma razón que encuentro verdaderamente interesante lo que dice Huizinga “La propaganda actual, que quiere apoderarse de todos los rincones de la vida, trabaja con recursos adecuados para producir histéricas reacciones de masas y, consiguiente, a pesar de la formas lúdicas que adopta tan a gusto, no puede ser considerada como una manifestación moderna del espíritu del juego, sino como una falsificación”.
Por último tenemos los niveles filósofico y místico-teológico. Niveles que se encuentran enraízados en lo más profundo de cada uno de nosotros y que muchas veces actuamos acorde a ellos aún en niveles inconscientes. Niveles en los que, aunque no desaparece el mundo cotidiano, ni se esfuma la realidad, se encuentran en otro plano, se juega con una duplicidad del tiempo- espacio, del estar y ser. El juego puede aparecer en nuestras vidas en forma de destino, de azar o de divinidad.
A mi parecer el artículo deja mucho de que hablar, si bien es cierto que lo lúdico no es un lujo, sino un agregado del ser humano que le puede ser útil para divertirse y que forma una parte inseparable al mismo, es también una de las armas centrales por las cuales él se maneja o puede manejarse en la vida. Lo lúdico no entendido como el juego de poker, el pan y el circo políticos o un partido de futbol; lo lúdico entendido como una visión en la que las cosas dejan de tener sus funciones establecidas para asumir muchas veces funciones muy diferentes, funciones inventadas. El hombre que habita un mundo lúdico es un hombre metido en un mundo combinatorio, de invención variada y mezclada, está creando continuamente formas nuevas, reinventando su mundo y a sí mismo.
“Reírse, jugar a la pelota, volver a plantar flores secas, caminar, pensar, bromear, fingir otro rol: estas diversiones generan un serie de liberaciones lentas y profundas que nos relajan y nos dejan satisfechos, listos para afrontar un nuevo día”
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