Objetividad Vs. Creatividad en el Periodismo Contemporáneo
“El sueño de la razón produce monstruos.” Con esta frase titula Goya uno de sus grabados más famosos. La razón como fuente de conocimiento puro y objetivo. Un conocimiento que no da pie a ser cuestionado pues pretende construir la realidad que existe verdaderamente fuera del sujeto que la conoce. Un conocimiento que, por antonomasia, es al que se apega, o en su defecto intenta apegarse, lo más fielmente posible el periodismo.
¿Pero es esta una realidad insoslayable? ¿Es la objetividad, en mayor o menor medida, la única característica del buen periodismo? Sabiendo que la comunicación humana es una eterna puerta abierta al equívoco, al malentendido, sabiendo que el periodismo es un ejercicio más de orden cultural que manipulación de “cosas” al modo de las ciencias duras, las pretensiones de objetividad y neutralidad que nos legara el positivismo científico se disuelven en la nada.
Aunque no podemos dejarnos llevar por la creatividad a la que invita el subjetivismo puro, debemos aceptar y entender que la “neutralidad” en los asuntos de interés social, y la objetividad como un valor último en sí mismo, es una utopía, un ideal. Pero no puede pasar de eso.
En el momento en el que pretendemos contarle a alguien más lo ocurrido, al informarle a un tercero sobre un hecho, la objetividad y la neutralidad no pueden conservarse. Quien relata está siempre posicionado; es decir: ve “un” mundo, “una” realidad. ¿Acaso no tienen ideologías los periodistas? En palabras de Derrida: La información se encuentra permanentemente “producida, cribada, investida, performativamente interpretada por numerosos dispositivos ficticios y atificiales, jerarquizadotes y selectivos, (está) siempre al servicio de fuerzas e intereses que los “sujetos” y los agentes no perciben lo suficiente”. [1]
Quizá la declaración anterior pudo haber tenido matices apocalípticos, pero es innegable que, hoy en día, los medios masivos de comunicación sólo en contadas ocasiones funcionan como es debido; en general son, por el contrario, “grandes empresas lucrativas dedicadas a la manipulación emotiva, a la venta de espacios publicitarios y a la transmisión de cualquier cosa menos objetividad.”[2]
El problema no termina con este punto, además existe un déficit en el manejo de la legitimidad, más aún con el Internet. ¿Acaso todo debe ser publicado? ¿Qué sucede con la palabra escrita cuando todo tiene la posibilidad de llegar al otro aún cuando lo escrito sea una falacia, un engaño o una quimera?
”Lo publicado, por malo que fuese, siempre era un escrito evaluado por instancias supuestamente competentes; parecía legítimo, a veces sacralizado, por haber sido evaluado, seleccionado, consagrado. Hoy, todo puede ser lanzado al espacio público y ser considerado, al menos por algunos, como publicable, con lo que alcanza el valor clásico, virtualmente universal, incluso sacro de la cosa publicada. Esto puede dar lugar a toda clase de engaños y, de hecho, es algo ya evidente, incluso para mí que tengo muy poca experiencia, en Internet (Derrida, “El tratamiento del texto”)
A partir de lo anterior, se puede suponer que varias de las fuentes utilizadas dentro de un periódico carecen de legitimidad o credibilidad. Es aquí donde un artículo, nota, reportaje, crónica, etc. se convierte en lo que Derrida determina como una artefactualidad pues ésta se define como “la activamente producida, cribada, investida, performativamente interpretada por numerosos dispositivos ficticios y atificiales, jerarquizadotes y selectivos, (está) siempre al servicio de fuerzas e intereses que los “sujetos” y los agentes no perciben lo suficiente” (Derrida, Ecografías de la Televisión 15)
Una artefactualidad es un “miembro fantasma” que está controlado por el “efecto de actualidad” a través de una apropiación centralizadora de las fuerzas que crean acontecimientos bajo la consigna del mercado.
Dadas las circunstancias ¿el periodista o el periodismo es objetivo? ¿Debe serlo o puede incluir elementos ficticios provenientes de la creatividad de cada periodista?
En todo caso, como atinadamente dijo Victoria Camps, “lo que el buen informador debe proponerse no es tanto ser objetivo cuanto creíble”.
[1] Derrida, Jaques. Ecografías de la Televisión. Editorial Tauro .España 2005.
[2] Colussi, Marcelo. ¿Puede ser objetivo el periodismo?. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=40137
Tags: Derrida, Objetividad, Periodismo, Subjetividad
