La Alquimia Dentro de la Obra de Remedios Varo

remedio

 

“Mientras que la historia de la cultura occidental puede parecer un a sucesión de querellas en las que se aclara el dualismo de la Naturaleza y el Arte, la Alquimia opone a éste un evolucionismo de la materia que, conduciendo al Artista al seno de los procesos naturales, le confiere una eficacia análoga a la de espíritus sobre los cuerpos”.

Vincent Bounoure, 1958.

 

“La progresión del individuo hacia la divinidad es facilitada por estar la alquimia organizada como un ritual cuyos gestos fueron los de los laboratorios”.

Van Lennep, Arte y alquimia.

Por:

Ma. Fernanda Castro López, Elena Galeana Ugalde, Marianne Gómez-Arzapalo,  Fairuz Barrera Karam y Patricia Palencia.

La alquimia es un tema que se muestra en toda la obra de Remedios Varo. A continuación se muestra una historia de la misma y algunos ejemplos de la misma en las pinturas de esta artista.

 

En la historia de la ciencia, la alquimia (del árabe الخيمياء al-khimia) es una antigua práctica protocientífica y una disciplina filosófica que combina elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte.

 

La alquimia fue practicada en Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Persia, la India y China, en la Antigua Grecia y el Imperio Romano, en el Imperio Islámico y después en Europa hasta el siglo XIX, en una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarca al menos 2500 años.

 

La alquimia occidental ha estado siempre estrechamente relacionada con el hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes Trimegisto, una deidad sincrética grecoegipcia y legendario alquimista. Estas dos disciplinas influyeron en el nacimiento del rosacrucismo, un importante movimiento esotérico del siglo XVII. En el transcurso de los comienzos de la época moderna, la alquimia dominante evolucionó en la actual química.

 

Actualmente es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. La alquimia fue una de las principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias, herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias química y metalúrgica.

 

Aunque la alquimia adopta muchas formas, en la cultura popular es citada con mayor frecuencia en historias, películas, espectáculos y juegos como el proceso usado para transformar plomo (u otros elementos) en oro. Otra forma que adopta la alquimia es la de la búsqueda de la piedra filosofal, con la que lograr la habilidad para transmutar oro además de obtener el elíxir de la vida eterna.

 

El inicio de la alquimia, situado teóricamente en Egipto o el Caldea, puede seguirse a lo largo de los siglos, hasta el momento de su introducción en Europa, alrededor del siglo XI. España jugó un papel esencial en la expansión de los conocimientos árabes por occidente, incluyendo el saber alquímico.

 

El alquimista, silencioso, solitario, rodeado de misterio, somete la materia a un proceso a través del cual pretende refinarla y purificarla, hasta obtener oro de ella. La alquimia, como una de las doctrinas ocultistas, está basada en la teoría de las correspondencias, que se funda en un principio de analogía. Encontraremos así que el oro alquímico está relacionado con el sol, con la “iluminación”. Es, por tanto, la luz, y la clarificación lo que estos hombres persiguen.

 

A partir del concepto de una materia unitaria en el que se hallan dos principios contradictorios: el azufre (principio fijo, cálido, activo, seco, masculino) y el mercurio (volátil, frío, pasivo, húmedo, femenino) y de la conjunción de estos elementos opuestos por medio de una serie de operaciones, estos hombres simbolizan la lucha secular del hombre contra el caos y la imperfección, y el adepto sería aquél que consiguiese otorgar sentido al sinsentido. El alquimista buscaba el perfeccionamiento de su alma a través del de los metales, y las transmutaciones correspondían al progresivo mejoramiento de su ser. Esto se liga con la teoría de Jung, según la cual el proceso alquímico actúa como una pantalla sobre la cual el alquimista proyecta su propia interioridad, su inconsciente.

 

En toda la obra de Varo vemos a la alquimia, ya sea retratada en forma de tiempo, de ríos, de viajes, de transformaciones, de astros, de animales, entre muchos otros elementos. En más de una ocasión, podríamos calificar de absurda la manera en que las máquinas de sus pinturas funcionan o las situaciones que se dan en ellas, pero lo cierto es que dentro de los cuadros hay una perfecta lógica, una armonía que le da sentido a ese sinsentido: “Entendiendo la investigación científica como análoga a las búsquedas espirituales, ella sintió que la ciencia no debería dominar, sino armonizar junto con las fuerzas de la naturaleza”[1].

 

Podría decirse que Remedios Varo era una alquimista pictórica: “Ella dibujó sobre sus sueños, alquimia, astrología, magia, y lo oculto, como también sobre los más nuevos inventos y desarrollos en física, química, astronomía, arqueología, e ingeniería, como recurso para sus imágenes”[2].

 

El alquimista es el hombre simbolizando el microcosmos y el trabajo, su paciente labor. Lo vemos reflejado en la mayor parte de la obra de Remedios Varo, un ejemplo muy claro es La ciencia inútil o el alquimista[3].

 

“Varo estaba fascinada tanto por el misticismo y la tecnología, leía ávidamente sobre disciplinas esotéricas y descubrimientos científicos”[4].

 

La pintora dio rienda suelta su interés por los inventos mecánicos, su padre fue el primero en estimularle este gusto al ser él mismo un ingeniero hidráulico. En La ciencia inútil o el alquimista (llamada originariamente El laberinto mecánico) vemos a una mujer sentada ante un alambique alquímico suspendido sobre un fuego y sujeto a una compleja variedad de aparatos y poleas; remite directamente a la labor del padre de Remedios, ingeniero hidráulico. Esta obra contiene un mensaje defensor de la alquimia, que se encuentra mayoritariamente en el personaje y menos en el edificio-máquina. El complicado complejo conformado por poleas y aparatos contrasta con la sencillez de su uso y resultado: destilar y embotellar las gotas de lluvia. Parece ser una actividad inútil, pero la dignidad de  la joven que acciona la rueda nos remite a una crítica directa a la ciencia dura. Efectivamente, la alquimia supone un descubrimiento más interno que externo, de ahí la transformación del duro suelo que viene a cubrir a la alquimista como una tela flexible. Esto nos demuestra que para Remedios, la alquimia no se encuentra en tratados dogmáticos sino en cada uno de los seres humanos, y su buen uso corresponde al grado de conocimiento del ser propio. Así, lo espiritual se sobrepone a lo mecánico, dando una clara imagen de su deseo por manipular elementos invisibles al ojo humano, como la esencia misma de la vida (el agua es un elemento importante que conforma todo lo vivo). La condensación del agua permite la extracción de la quintaesencia, que cae justamente en la quinta botella. Recordemos que la metamorfosis es la finalidad de la alquimia. 

 

“Tal vez fue el miedo por la parálisis psíquica el que mantuvo a Varo yendo en su propia búsqueda, abriéndose hacia varios modos de descubrimiento. Además de la alquimia y psicología, también se volcó hacia las ciencias físicas, reconociendo los más nuevos desarrollos de la biología, la química, la física, la astronomía, y la botánica, las cuales estudió con una ávida curiosidad, un infinito número de posibilidades”[5]. Todos estos temas los vemos en sus obras: El Flautista[6], Exploración de las fuentes del río Orinoco[7], Nacer de nuevo[8], Mujer saliendo del psicoanalista[9] y Planta Insumisa[10].

 

Janet Kaplan da una explicación de La creación de las aves[11] (1958) que vale la pena citar: “Aquí el científico/artista en el personaje simbólico de la Sabiduría –el búho- que se sienta en un escritorio y dibuja un pájaro. Usando los colores primarios destilados en un vaso alimentado por la atmósfera, ella dibuja con una pluma conectada a través de un violín hacia su corazón. El claro de luna ha sido capturado y magnificado, que a través de unos lentes triangulares, ilumina el dibujo, causando que los pájaros dibujados cobren vida y vuelen afuera de la ventana. Aquí está el verdadero encuentro entre el arte, la ciencia, y la naturaleza, cada uno alimentando al otro en un ciclo que simbólicamente representado por los dos vasos en la esquina, los cuales se alimentan de sus contenidos mutuamente. La elección de Varo por ciertos detalles enfatiza su significado (…) usa el vaso alquímico (…) como el receptáculo de la transformación, en el cual es creada la paleta de colores primarios –la trinidad que es la fundación de todos los colores en el arte- Al crear pájaros que vuelan fuera de las páginas, ella se coloca dentro de la tradición mitológica de Daedalus, Hefestos, y Pigmaleòn, todos los artistas cuyas creaciones se decía que cobraban vida. Esta pintura de un búho como mujer artista, alquimista que crea belleza y vida a través de un conjunto de color, luz, sonido, ciencia, arte, y magia puede ser la imagen por la cual Varo aspiraba en su vida”[12]. 

 


[1] Ibíd., p. 16.

 

 

 

 

 

 

 

 

[2] Ibíd., p. 40.

[3] Ver Anexo, figura 1, p. 21.

[4] Kaplan, Janet A. “Remedios Varo” en Feminist Studies, Vol. 13, No. 1 (primavera de 1987), p. 40.

[5] Kaplan, Janet A. “Remedios Varo: Voyages and Visions” en Woman’s Art Journal, Vol. 1, no. 2 (Otoño 1980 – Invierno 1981), p. 16.

[6] Ver Anexo, figura 2, p. 22.

[7] Ver Anexo, figura 3, p. 22.

[8] Ver Anexo, figura 4, p. 23.

[9] Ver Anexo, figura 5, p. 23.

[10] Ver Anexo, figura 6, p. 24.

[11] Ver Anexo, figura 7, p. 25.

[12] Ibid., p. 16.

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